Ser positivos, clave para superar cualquier enfermedad

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Todos hemos pasado por momentos difíciles en los cuales una buena noticia, por más simple que ésta sea, nos ha cambiado un poco el panorama. Independientemente de la razón por la cuál las cosas no se encontraran en orden; un detalle bien intencionado, una sorpresa agradable o una acción de servicio hacia nuestra persona puede transformar por completo una situación complicada en otra considerablemente mejor.

Es así como funciona el optimismo. Cuando vemos el lado positivo de la realidad, estamos dando lugar a que sucedan cosas buenas. Es así como impedimos que la negatividad sea la protagonista en nuestras vidas.

Una enfermedad es uno de los mejores y más claros ejemplos de un momento difícil. Puede enfermar alguien que sea importante para nosotros, y eso tiende a ocasionar sentimientos de añoranza y de tristeza. Pero para muchas personas, el verdadero reto ocurre cuando se trata de uno mismo: todo se quiebra. En estas instancias, es difícil mantener la cabeza en alto.

Enfrentar ese inevitable cambio de planes para el futuro, puede resultar muy decepcionante. Sin embargo, debemos tener presente que una buena actitud puede mejorarlo todo; incluso, revertirlo. Así se trate de una enfermedad crónica, o de una enfermedad pasajera, el padecimiento implica un proceso que consta de diferentes etapas. La última de ellas suele ser la aceptación, y es imprescindible llegar a esta etapa si deseamos superar la enfermedad. La aceptación es, indiscutiblemente, la base de una actitud positiva.

Los expertos nos brindan algunos consejos para ser positivos  y darles frente a estas adversidades.

Primero, la psicóloga Mamen Garrido recomienda evitar adelantarse a los acontecimientos. “Lo que está por venir nadie lo sabe, y ponerse en lo peor no nos ayuda a prevenirlo” (Garrido, s.f.). Esto es de gran relevancia, ya que el estrés ocasionado por el deseo de predecir las cosas suele generar sospechas innecesarias, provocando incluso, que el paciente caiga en depresión.  La mente es, sin duda, muy poderosa; y por esta razón es una pésima idea pensar demasiado en los posibles escenarios negativos que se pudieran presentar en un futuro. Lo mejor que podemos hacer es disfrutar nuestras facultades y ventajas que gozamos en el momento presente, y hacer uso correcto de ellas para salir adelante de la enfermedad.

Otra sugerencia de Garrido es mostrar una buena cara ante las molestias y dificultades que puedan surgir a raíz del padecimiento. Es cierto, no todos somos doctores, y no podemos solucionar todo aquello que perjudica nuestra salud y que nos hace sentir mal tanto física como mentalmente; pero sí podemos tener el control de la manera en la que enfrentamos las cosas.

“El tratamiento lo decidirán los médicos; cómo se va a afrontar ese tratamiento lo decide el paciente” (Garrido, s.f.). Este punto es realmente importante, pues destaca el poder que tiene una buena actitud de aliviar una situación desafortunada. Sobre todo, hace énfasis en que el paciente es el dueño de su enfermedad, y no es la enfermedad quien gobierna sobre el paciente.

Por más agresivo, doloroso y cansado que resulte un padecimiento; el paciente puede ser más fuerte que eso. Pero para lograrlo, éste tiene que creerlo.

Reforzando lo anterior, es preciso incorporar las palabras del médico Ester Torrella, quien forma parte de la asociación de médicos para la investigación en Homeospagyria. Según el periodista Jordi Jarque (2012); Torrella afirma que la actitud y las emociones de una persona enferma “siempre son determinantes en el curso de la enfermedad”.

Por ejemplo: Imagina que has enfermado y que, el precio para poder recuperarte y mantener tu salud estable para continuar con una vida normal, será llevar a cabo un tratamiento de dos años que implicará un dolor intenso periódicamente; pero que te ofrece una posibilidad clara y probable de recuperarte y regresar a tu vida normal cuando hayas terminado de curarte.

El simple hecho de pensarlo puede causar escalofríos: dos años de un tratamiento que te infligirá un intenso dolor constante.

Pero en una situación de vida o muerte, ¿no crees que valdría la pena? Bueno, un paciente con una actitud negativa podría decir rotundamente que “no”. Pero, en cambio, si el enfermo decidiera poner una buena cara ante el tratamiento y someterse a él por la posibilidad de vivir mejor durante varios años después, tendrá muchas más posibilidades de sobrevivir y dejar atrás los años de sufrimiento.

Tal vez, no existe el sustento científico suficiente para afirmar que la actitud es capaz de curar una enfermedad por completo. Sin embargo, es un hecho que una actitud positiva es un auxiliar infalible durante la experiencia del padecimiento, y así mismo; fomenta la superación de éste. Sin mencionar que el optimismo podría marcar la diferencia entre un paciente que se atreve a sufrir para vivir, y uno que simplemente se resigna a vivir enfermo, o a dejar de hacerlo.