¿Por qué gastamos más cuando pagamos con tarjetas de crédito?

Está comprobado que las personas gastamos más dinero al utilizar una tarjeta de crédito que cuando cargamos únicamente con efectivo, pero, ¿por qué ocurre esto?

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Sensaciones: lo que tiene el efectivo que las tarjetas no.

Todos conocemos esa sensación satisfactoria que llena nuestro cuerpo cuando retiramos o recibimos dinero, y llenamos con éste nuestra cartera.

Esta emoción es causada por la abundancia, y la seguridad que nos brinda saber que, en cualquier emergencia, evento o salida, estaremos respaldados por varios billetes; eliminando así, aquella molesta preocupación que surge cuando no podemos gastar.

Definitivamente, tener el dinero propio a la mano no se compara a cargar con una tarjeta de crédito.

La principal razón, es que cada tarjeta de crédito implica un préstamo. Siempre que la utilizamos, estamos gastando dinero que no es nuestro.

Lo difícil de gastar efectivo, es que sabemos que nos pertenece, lo cual genera cierto sentido de pertenencia. A las personas no nos gusta desapegarnos de lo que es nuestro, sobre todo cuando sabemos que podría seguir siendo útil (como en el caso del dinero).

Por ejemplo: cuando éramos jóvenes y nos ganábamos una pequeña cantidad de dinero por desempeñar un trabajo o tarea, preferíamos ahorrar en lugar de utilizar el dinero en alguna salida. Para ello, nos sentíamos mejor gastando el dinero de nuestros padres. Claro, porque nunca fue nuestro.

Ocurre exactamente lo mismo con las tarjetas de crédito.

Además, el simple acto de tenerlo en nuestras manos y entregarlo a alguien más, sabiendo que no va a regresar, es muy frustrante para nuestra mente.

Valor: es más importante la compra que el precio.

Es mucho más común distraernos acerca de la cantidad que estamos pagando cuando no lo hacemos en efectivo. La tarjeta pasa y ya.

Nos enfocamos más en disfrutas la experiencia o el producto, y “que cueste lo que haya costado”.

Esto pierde un poco de importancia porque en el momento no nos tenemos que preocupar por nuestras finanzas, sino que el estrés que provoque saldar la deuda de la tarjeta vendrá después, y en el momento preferimos no pensar en eso.

Al ignorar esta alarma natural de cuidar nuestras finanzas, prestamos toda nuestra atención en los beneficios que incluye lo que hemos comprado, e incluso, le añadimos más valor del que realmente tiene. Como no valoramos mucho el dinero que hemos gastado en él, la importancia de este gasto pasa a segundo plano.

Disposición: en lo que sí puedes gastar.

Cuando cargamos con efectivo, el límite es muy claro.

Si vamos a cenar, sabemos que hay ciertos platillos del menú que debemos evitar para poder pagar los alimentos sin ningún problema.

Con la tarjeta es completamente distinto, pues, aunque sí existe un límite, éste es mucho más elevado, y no genera ninguna preocupación en nosotros.

Nos ahorramos el estrés de saber que “no lo podemos pagar” (aunque el estrés regresa el día de pagar la tarjeta).

En ocasiones, valdrá la pena gastar un poco de más para que podamos disfrutar un momento realmente importante y especial. Sin embargo, no debemos olvidar que todo tiene un precio, y que todo el dinero que gastemos con una tarjeta, deberemos de regresarlo.

Te aconsejamos que evites llevar tu tarjeta a todos lados, y la utilices únicamente en ocasiones verdaderamente importantes. Así, evitarás endeudarte con cantidades que posteriormente no podrás pagar.

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